
Por Roberto Piñón Olivas
Los estudios de opinión resultan un mecanismo importante para conocer el sentir de la población en relación con personajes o acciones. Dicho instrumento adquiere especial relevancia cuando se trata de evaluar al Presidente de la República, la máxima autoridad en el país.
Resulta que Felipe Calderón entró, en la segunda etapa de su gobierno, al declive franco, después de contar en su llegada al poder con una gran simpatía de los chihuahuenses, que en el voto, castigaron al PRI en aquel lejano 2006.
Cuando puso un pie en los Pinos, el presidente tenía una aprobación del 65.9 por ciento en estas tierras norteñas: en doce meses acrecentó su popularidad y por tanto, la aceptación a sus decisiones, al llegar a ubicarse en un rango de aprobación del 71.5.
Sin embargo las decisiones empezaron a pesar en el ánimo de los ciudadanos: para 2008 se ubicó el grado de aceptación en 64.6 y para 2009, el último reporte de Mitofsky, lo coloca en 52.9.
Chihuahua no es la entidad que más castiga la popularidad y la aceptación a las decisiones presidenciales. Es Oaxaca el estado donde los ciudadanos reprueban en mayor medida sus acciones.
Que tienen en común ambas entidades, que en ellas se elegirá gobernador y por lo tanto, la percepción deteriorada de la figura presidencial tendrá un costo político para el Partido Acción Nacional, en una baraja de factores que definirán al ganador de cada proceso.
No es gratuito que el Presidente Felipe Calderón goce de una aceptación baja en el estado de Chihuahua. Dos son los elementos que influyen al respecto, como ocurre –en términos generales en todo el país-: la seguridad y la economía.
El fracaso de las acciones emprendidas desde el gobierno federal para combatir al crimen, y con ellas, un necesario sentimiento de inseguridad generado por las ejecuciones cotidianas y la incursión de la delincuencia organizada en delitos del fuero común como robo, extorsión o secuestro, han colocado las encuestas de popularidad presidenciales casi en los suelos.
De la economía no se diga: el alza en los impuestos y el aumento en bienes y servicios, hacen de las políticas federales el blanco del disgusto de los ciudadanos.
No todo es responsabilidad del presidente Calderón, es cierto: hay un entorno internacional complicado y un mercado sumamente agresivo, pero la administración federal es esencial, relevante, para mejorar la situación económica de las familias, ahí donde las entidades federativas y los municipios poco pueden hacer.
Esto lo ven y sienten los ciudadanos.
El autor es Presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos A.C.